En contra de la metafísica de ‘Lo Común’. Notas materialistas sobre identidad y diferencia

Por Henry Caro, Politólogo.

“Lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso” (Marx, 2016)

Preámbulo Heideggeriano: Entre la Mismidad y la Relacionalidad del Ser

La conferencia pronunciada por Heidegger el 27 de Junio de 1957, que lleva por titulo Der Satz der Identität, será el punto de partida de la presente reflexión, en esta el filosofo desarrolla el principio de identidad, el que, en contraste con las concepciones tradicionales que lo atribuyen a la igualdad entre dos términos será entendido como τὸ αὐτό, es decir, como lo mismo. Pero aquello que es lo mismo, lo es solo consigo mismo, esto implica que la identidad tal como la entiende Heidegger solo es posible en el ser, por lo tanto, la identidad solo es viable en cuanto que algo es, esta unidad que forman ambos “no es de ningún modo el vacío inconsistente de lo que, privado en sí mismo de relacion, se detiene y persiste en una uniformidad” (Heidegger, 1990). En esta misma conferencia se alude precisamente al hecho de que τὸ αὐτό implica algo más que la desolación del ser, es decir, la identidad involucra también el pensar, esto permite dar un sentido más completo a la cuestión de la identidad en tanto que sería aquello que pronuncia al ser a través del pensar, por lo tanto, el ser sería constituido a partir de la identidad que se piensa en cuanto lo mismo consigo mismo. Entonces, al reconocer que se ha “establecido la mismidad de pensar y ser como la mutua pertenencia de ambos” (Heidegger, 1990) involucra un hecho crucial en cuanto que se pertenecen el uno al otro, es decir, es inconcebible una identidad que no contemple al ser y al pensar como separados.

¿Que implicancias tienen estas breves consideraciones para la presente reflexion? Bueno, estas breves consideraciones repercuten en el hecho de que la identidad no debe ser entendida como uniformidad ni como igualdad, es decir, la identidad es todo menos aquello que permanece inmutable en el tiempo, sin embargo, se puede argumentar que lo mismo consigo mismo es aquel “fragmento del yo que ya es y sigue siendo siempre «el mismo», idéntico a sí mismo a lo largo del tiempo” (Hall & Gay, 2003). Desde la perspectiva propuesta por dichos autores lo mismo se visualiza en la terrible confusión que se ocasiona al pensar la mismidad como igualdad o uniformidad, se hace patente aquello en cuanto se asume que lo mismo no pudiese transformarse en cuanto sí mismo. Una forma similar de concebir la identidad es la esgrimida por Dipaola (2013) quien asegura que “ya nadie sostiene la existencia de una identidad en sí, fija e invariable” o por Butller (2007) en cuanto que “la idea de que el sexo surge dentro del lenguaje hegemónico como una sustancia, como un ser idéntico a sí mismo”, sin embargo, para que una identidad sea invariable debe ser igual o uniforme en sí, pues sólo así puede mantenerse detenida en lo que ella es.

Entonces, τὸ αὐτό, lo idéntico, en cuanto la co-pertenencia del ser y el pensar implica un movimiento de oscilación del acontecer que involucra la completa existencia de aquello que se entiende cómo lo mismo. Por ello, asumir la identidad como algo estático, uniforme o igual limita la comprensión real a la que se puede llegar al entender tanto que significa pensar como lo que implica el ser mismo, ya que, solo de esta manera es como se puede asumir efectivamente la identidad como lo mismo consigo mismo. Ante esto el filósofo nos dice que “lo que nos llama al pensamiento y así manda, es decir, confía nuestra esencia al pensamiento, necesita esta actividad de pensar, por cuanto lo que nos llama, según su esencia, quisiera ello mismo ser pensado” (Heidegger, 2010). Sin embargo, este pensar que se piensa se aleja bastante del pensar que se representa, en otras palabras, cuando se habla de pensar que se piensa se hace en relación con aquello que es, mientras que el pensar que se representa se hace en relación con aquello que está ya presente, por ello, se re-presenta aquello que se entiende como ente, por lo tanto, ya no se piensa sino que se representa. En estas circunstancias, el pensamiento esta ligado indefectiblemente con el ser, por lo tanto, se piensa aquello que es y esto quiere decir, en las limitancias que el lenguaje impone, que se habla de ser que se piensa, y podría agregarse, a sí mismo. Una aproximación para lograr captar esta cuestión puede encontrarse al momento de aprender un nuevo idioma, en tal circunstancia se aprende desde la representación, dificilmente se logra pensar, sólo cuando uno se encuentra en la presencia de tal idioma comienza lentamente a pensar el idioma, es decir, deja la representación y se arroja a pensar tal idioma.  

Por su parte, que implica la distancia existente entre el Ser y el Ente, en cuanto que “el ser sólo esencia como único, mientras que por el contrario el ente es, según el caso, éste o aquel, tal cosa y no la otra. El ente tiene siempre su semejante. Pero el ser es incomparable” (Heidegger, 1999). La cuestión por el Ser, y por lo tanto también por el Ente, es algo que escapa de los limites de este ensayo por la envergadura de dicha reflexión, sin embargo, para dar cierta dirección del pensamiento respecto a esto hemos de precisar, situación necesaria para intentar comprender la identidad, que el ser esencia como único en el sentido de que solo aquello que es puede ser eso que es, es decir, aquello que es no puede ser otra cosa que aquello mismo que es, con ello, se entiende que el ser solo puede serlo de aquello que es. Mientras que, el ente, en cuanto tal ha de ser entendido en la dirección de aquello que se presenta como algo que esta siendo, es decir, aquello de lo cual el ser es fundamento, por ello es que el ente puede ser semejante, esto debido a que “el ser, ante todo, deja ser a todo ente en tanto que tal ente; esto es: allí hacia donde surge un ente para ser él «mismo». El ser deja surgir a cada ente como tal ente. El ser es el origen” (Heidegger, 1999)

Entonces, ha de concederse el hecho de que la identidad es tanto ser como pensamiento, pensar que piensa el ser y ser que es pensamiento, por ello, cada ente determinado por su ser es identidad en cuanto que es lo mismo consigo mismo. Pero, nuevamente, se insistirá que aquello que es lo mismo lo es consigo mismo en cuanto pertenencia de ser y pensar, por ello, “lo mismo no es lo igual. En lo igual desaparece la disparidad. En lo mismo aparece la disparidad” (Heidegger, 1990:105). Teniendo presente por lo tanto el hecho de que en lo mismo aparece la disparidad hemos de concluir que las representaciones que se hacen los autores anteriormente nombrados están contenidas dentro de dicho ámbito, es decir, la re-presentación del ente antes que el pensamiento del ser que se presenta presente, como acontecer, esto los llevará a decir que “las identidades, en consecuencia, se constituyen dentro de la representación y no fuera de ella” (Hall & Gay, 2003) o que la “identidad se construye performativamente por las mismas «expresiones» que, al parecer, son resultado de esta” (Butler, 2007).

¿Cómo se entiende la diferencia a partir de esta concepción de identidad? Esto es posible entenderlo sólo cuando “pensamos el ser conforme a su asunto, cuando lo pensamos en la diferencia con lo ente, y a este último, en la diferencia con el ser. Así es como la diferencia se hace propiamente visible” (Heidegger, 1990). En otras palabras, la diferencia se hace presente allí en donde el ser y el ente marcan una frontera respecto del otro, es decir, el espacio en donde irrumpe una aparente obstinación entre uno y otro, ante esto la diferencia emerge como aquello propiamente visible. Esto debido a que “el ser nos interna en el ente y nos hace recordar al ente, de forma tal que todo lo que viene al encuentro, sea esto experienciado como presente, pasado o futuro, es en cada caso patente, y sigue siéndolo, como ente” (Heidegger, 1999). La diferencia, por lo tanto, es este ente experienciado en su presencia como tal, en cuanto que, marca como tal una presencia determinada por el ser, sin embargo, mientras el ser busca desencubrir aquello que es, el ente como aquello que está siendo busca por su parte encubrir aquello que está siendo, de tal forma es que esta relación entre aquello que desencubre y aquello que encubre es lo que el filósofo denominará como inter-cisión, que corresponde justamente a este Entre que acontece respecto de aquello que es el ser y el ente, por ello, es que “la diferencia de ser y ente, en tanto que inter-cisión entre la sobrevenida y la llegada, es la resolución desencubridora y encubridora de ambas” (Heidegger, 1990).

Respecto a esto algunos pensadores esgrimirán que son las identidades las que antes bien “emergen en el juego de modalidades específicas de poder y, por ello, son más un producto de la marcación de la diferencia y la exclusión que signo de una unidad idéntica y naturalmente constituida” (Hall & Gay, 2003), es decir, la diferencia se constituye como relación positiva de la identidad, en cuanto que ésta está determinada como todo aquello que no es “idéntico”, dejando entrever justamente la concepción de la identidad como aquello que es igual, ya que, la diferencia vendría a marcar todo aquello que no es igual. Pero, ya se ha argumentado anteriormente que τὸ αὐτό, lo idéntico, lo mismo no es lo igual, por lo que habría de encontrar que es aquello que marca la diferencia como tal, ya que, si la diferencia indica aquello que se establece entre la oposición de los iguales, esto sería básicamente el ente, por ello, en contraste cuando se está “hablando desde el punto de vista de la diferencia, esto significa que la resolución es una rotación, ese girar del ser y lo ente el uno alrededor del otro” (Heidegger, 1990).

Frente a este tipo de pensar surgen propuestas como las de Dipaola (2013) para quien “una verdadera ontología de la diferencia busca pensar la diferencia no como algo fijo, sino como pura circulación, perpetuo devenir”, sin embargo, cabría preguntar si acaso esta rotación del ser y el ente es algo fijo e inmutable o acaso es movimiento y transformación de lo que es y lo que está siendo, en cuanto que son. A su vez, perspectivas que asumen que “las identidades se construyen a través de la diferencia, no al margen de ella” (Hall & Gay, 2003), dicen bien en cuanto que la identidad viene acompañada por la diferencia, en cuanto que ser y ente son propios el uno respecto del otro, sin embargo, asumir nuevamente que la identidad se construye a través de la diferencia es asumir que la identidad es igualdad, más bien, cabría decir que la diferencia se construye a través de la identidad, esto es posible debido a que aquello que es posibilita aquello que está siendo, por lo que, de cierta manera la diferencia estaría posibilitada por la identidad, no como parte de ella o en ella, sino como aquello que ella revela. También está la perspectiva que observa cosas como que “las mujeres nunca pueden «ser», según esta ontología de las sustancias, justamente porque son la relación de diferencia, lo excluido, mediante lo cual este dominio se distingue” (Butler, 2007), en esta perspectiva se trasluce también aquello que asume la identidad como lo igual y la diferencia como aquello desigual, dándole una prioridad a la agrupación binaria de lo igual y lo desigual, pero en tal sentido se asume que el ser conlleva la diferencia y se pierde de vista lo que sería el ente como tal, entendiendo como uno solo el ser y el ente, es decir, como si fuesen una sola cosa.

Derivas Marxianas: La Materialidad del Ser y la Abstractalidad del Ente

El Ser es lo más material que puede haber, en contraposición, el Ente es lo más abstracto que se puede encontrar en la realidad. ¿Qué se quiere decir con esto y como se relaciona con lo que se venía desarrollando? Bien, la vinculación se puede establecer desde la perspectiva que comprende al Ser como aquello más concreto en cuanto que es, siguiendo a Marx, la síntesis de múltiples determinaciones, aquí ha de entenderse la determinación no como aquello que constriñe y mecánicamente fija aquello que ha de devenir, sino más bien, como aquello que traza y dinamiza en sí mismo aquello que deviene, para justamente hacerlo devenir en lo que es materialmente. Por ello, alejándose de la concepción heideggeriana en cuanto a que aquello que es, es en cuanto esencia esenciante, se dirá que aquello que es lo es en cuanto materialidad misma. Esto implica sin dudas que el Ser, lo que es, está sin dudas determinado por el conjunto de relaciones sociales en las que aquello que es es. Sin embargo, lejos de entender las cosas desde una perspectiva dialéctica fichteana que fija en lo estático los conceptos y las categorías, se considera a la dialéctica como aquella dinámica histórico-lógica que busca desencubrir la materialidad de las cosas mismas para lograr reconstituir aquello que se presenta presente para aquello que es.

Ante esto, el Ser sería justamente eso que se presenta presente, aquella materialidad en la que se fundan lo que posteriormente se denominará como sujeto, pero aquella sujeción que se intenta del Ser no sería otra cosa que el Ente mismo, es decir, aquello que se entiende por sujeto no es otra cosa que el Ente como tal que se presenta encubriendo aquello que es, o sea, al Ser. Que el Ente encubra al Ser que busca desencubrirse evidencia la abstracción indefectible que conlleva éste al momento de realizar la compresión del Sujeto, ante esto las perspectivas más habituales son las que visualizan en el sujeto una pasividad ante la sujeción en que está, sin embargo, se podría decir que el sujeto como tal, como aquello que es, está en un constante declinar hacía aquello que es, es decir, busca desencubrirse constantemente hasta alcanzar lo que Marx denomino como “consciencia de clase”, o sea, la consciencia de aquello que se es en cuanto que se es, e inclusive podría decirse, en cuanto que es lo mismo consigo mismo.

Dicho de otro modo, el Ser es lo más material y con ello la identidad como tal, por la razón de que en el Ser se encuentran las determinaciones sociales que le hacen ser síntesis, unidad de lo diverso, sin embargo, no se debe entender el Ser y la identidad como aquello que es igual, sino más bien, como aquello que es lo mismo consigo mismo, y esto quiere decir lo siguiente: que uno no puede ser nada más que aquello que se es en cuanto que se es, en otras palabras, uno es aquello que es no porque sea igual a lo que es, sino más bien, porque uno como lo mismo no puede ser otro ser sino siempre su propio ser. En cambio, el Ente como lo más abstracto y forzosamente con ello la diferencia como tal, implica un sinfín de posibilidades, es decir, un conjunto de indeterminaciones tales que le impide alcanzar la síntesis necesaria para la concreción, por ello, la cuestión de “las identidades” actualmente solo se debate en la mera superficialidad, en aquello que es re-presentar, en la abstracción más pura de la realidad, en cuanto que la importancia radical no sería si se está siendo tal o cual cosa sino más bien como aquello que es es.

¿Cómo se puede entender aquello cuando la realidad social nos empuja cada vez más a pensar los problemas que afectan a la sociedad? La vorágine ocasionada por el capitalismo, denominado por algunos actualmente como tardío, pareciera distorsionar de tal manera las relaciones sociales que llega a confundir hasta a los pensadores más diestros, o tal vez, los hace recaer en el olvido ocasionado por el encubrimiento del Ente respecto del Ser. Para entender esto basta con recordar una de las concepciones más emblemáticas de la teoría crítica que corresponde a la fuerza de trabajo. Esta concepción, desarrollada por Marx, evidencia todo el pensar vertido por el autor para lograr descifrar la condición misma del trabajo, es decir, la materialidad subyacente a éste más allá de la representación que este mismo pudiera adoptar a lo largo de la historia. Ante esto Marx (2015:203) dirá que “por fuerza de trabajo o capacidad de trabajo entendemos el conjunto de las facultades físicas y mentales que existen en la corporeidad, en la personalidad viva de un ser humano” que le permiten eventualmente llevar a cabo un determinado trabajo. Lo que aquí se encuentra es sin duda una cualidad de aquello que es humano, esto evidencia de manera sencilla pero bastante potente como se ha de entender la cuestión de la identidad, ya que, el detenerse solamente en la re-presentación hubiera llevado a Marx a derivas proudhonianas en donde el trabajo como tal sería lo primordial.

Consideraciones sobre la imposible posibilidad de ‘Lo Común’ a modo de conclusión

Lo que se encuentra, llegado este punto, es que probablemente, sólo probablemente, el concepto de identificación y diferenciación también sea empleado de tal manera que no se permita comprender su real alcance, es decir, al concebir la identidad como aquello igual y no como lo mismo consigo mismo se sospecha que tales conceptos derivados de aquello han de seguir dicho lineamiento. Esta forma se encuentra evidenciada por aquellos que abogan que “a lo largo de sus trayectorias, las identidades pueden funcionar como puntos de identificación y adhesión sólo debido a su capacidad de excluir, de omitir, de dejar «afuera», abyecto”  (Hall & Gay, 2003). Esto claramente se perfila desde la perspectiva que asume a la identidad como igualdad y que por lo tanto todo aquello que no es igual ha de dejarse fuera, sin embargo, cuando se asume la identidad como lo mismo consigo mismo tal noción ha de constituirse desde una perspectiva sumamente distinta.

Por ello, la identificación más que aquello que funciona como punto de exclusión o de omisión, se comprende como aquello que opera dentro del re-conocimiento, pero inmediatamente surge la pregunta ¿qué re-conocimiento?, pues bien, este re-conocimiento es sobre aquello que es, es decir, sobre el ser que uno mismo es. Entonces, cuando uno se identifica no lo hace en relación a lo diverso, múltiple o desigual, sino más bien, ante lo que uno es dispar en cuanto que es, en otras palabras, uno se identifica en relación con lo que uno mismo es en cuanto que se re-conoce como lo que es. Para que se entienda aún más, uno se identifica en cuanto se re-conoce como la fuerza de trabajo que es, como la sexualidad que es, como la cultura que es. Pero el encubrimiento que se alza sobre lo que uno es se exhibe a través de la confusión evidente de asumir la diferenciación como identificación, en esta circunstancia se asume que “la identificación es, entonces, un proceso de articulación, una sutura, una sobredeterminación y no una subsunción” (Hall & Gay, 2003), cuando realmente lo que se encuentra siendo una articulación, una sutura, una sobredeterminación no es otra cosa que la diferencia que se agrupa en torno a binarismos, a exclusiones, a multiplicidades, por todo esto, la identificación es realmente aquel re-conocerse como algo que es, sea esto fuerza de trabajo, sexualidad, culturalidad que es en sí mismo lo mismo consigo mismo.

Entonces, lo que se aprecia desde esta perspectiva cuando se tiende a hablar de ‘lo común’ es esa exaltación por la igualdad como aquello que permite, a través de la identificación, construir una comunidad, es decir, lo común tanto como la identidad vendrían a ser aquello que es lo igual entre los seres que construyen la comunidad, sin embargo, lejos de tal planteamiento el asumir la identidad como lo mismo consigo mismo y la identificación como el re-conocerse en cuanto que se es implica asumir la comunidad como aquella forma de vida-en-común en donde el ser se desencubre gracias al re-conocerse como aquello que es. Por esto, la tarea incesante del ser es empujar por ser aquello que es, pero este es indudablemente confrontado por aquello que lo impide, aquello que lo circunscribe, es decir, por aquello que lo sujeta y lo vuelve sujeto, lo encasilla y lo vuelve asible para aquel que lo re-presenta.

Pero ante esto, ante la cuestión de ‘lo común’, Nancy (2000) hará enfasis en lo que es el Mit-Sein y el Mit-Da-Sein, el Ser-Con y el Ser-Con-Ahí. Con el Ahí, lo que quiere decir este autor es que el ser siempre está localizado, esta temporalizado y ubicado, por lo tanto, no es un ser aislado en su existencia misma. Por ello, cuando se habla de ser con otros o de ser en común o de ser junto a otros o de ser muchos otros, se puede decir también estar en común, estar con otros, estar junto a varios. Asi mismo, no habría que preguntar que son los cuerpos, sino que es un cuerpo, el reverso del sujeto es la singularidad, no necesariamente es un hombre o mujer, sino algo único e irrepetible en relación a otra cosa, en relación a que, indefectiblemente, a otra singularidad. La condición de posibilidad de lo único e irrepetible es la diferencia, y la diferencia solo tiene lugar en el marco de una pluralidad, con esto se puede comprender entonces que el Ser es solo singularidad, en cuanto que, el Ente es mera sujeción, es decir, diferencia. De esta manera el Ser deviene en materialidad, en aquello que es singularidad, puesto que aquello que indica si se es hombre o mujer no es más que aquella condición de sujeción ocasionada por el intento de asir de manera invariable la misma singularidad que se es, entonces, aquello que es hombre o mujer es el resultado de la re-presentación de la singularidad. Esta condición de sujeción repercute directamente al momento de hablar de ‘lo común’, esto debido a que la comunidad se ha entendido habitualmente como aquello que tiene por ideal una esencia o una sustancia, sea esta en cuanto que clase, raza, sexo,  religión, etc. Por esto, toda comunidad que se asuma a si misma como cualquiera de estas, será una comunidad que Nancy (2000) denominará, inmanente, es decir, cerrada en sí misma, llena, absoluta.

Esto permite asumir que la “esencia humana no es anterior ni posterior al individuo, no se aleja dentro ni fuera de él: la esencia humana coincide con el conjunto de las relaciones diversas y heterogéneas que existen entre los individuos” (Alvaro, 2014). Lo que se quiere decir, por lo tanto, es que sólo se es en cuanto que se está en relación, en relación con aquello que también es, por consiguiente, aquello que acontece como lo esencial no sería otra cosa que la relación misma, como el lugar que existe entre uno y otro(s), posibilitando la materialidad misma de lo que es, en otras palabras, sólo se es en cuanto que ser-relacional.

Finalmente, pensar la identidad como mera igualdad, como aquello invariable, como aquello fijo e inmutable antes que aquello que es lo mismo consigo mismo, en cuanto que es dispar en su existencia respecto de lo demás que también es, implica que ‘lo común’ sea asumido desde la perspectiva metafísica que lo fija como un inmanentismo, como un algo cerrado, como pura igualdad que deriva en el hecho de concepciones totalitarias que justamente aprecian la realidad en cuanto debe ser solamente igualdad de un solo ser. Al asumir la materialidad del Ser, la identificación como el re-conocer la materialidad de dicha singularidad y la imposibilidad de la existencia como aquello que es como absoluto, debido a que entonces no habría nada, porque somos con un otro, con otros. Involucra pensar la relación no como un constante transmutar, sino más bien, como una travesía, un constante ir y venir, desencubrir y encubrir, es decir, con las limitantes propias que impone el lenguaje, como un viaje de ida y vuelta a través de aquello que es el mundo, para de esta manera llegar a comprender que solo se podrá estar en ‘lo común’ cuando el ser como identidad se re-conozca en el pensar como la singularidad que es, es cuando ‘lo común’ devendrá no como aquello en lo que predomine la igualdad, sino más bien, como aquello en lo que nuestra mismidad acontecerá como lo que es, o sea, como ser-sexual, ser-lenguaje, ser-fuerza-de-trabajo.

Bibliografía

Alvaro, D. (2014). El Problema de la Comunidad: Marx, Tönnies, Weber. Buenos Aires: Prometeo.

Butler, J. (2007). El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: Paidós.

Dipaola, E. (2013). Comunidad Impropia: Estéticas Posmodernas del Lazo Social. Buenos Aires: Letra Viva.

Hall, S., & Gay, P. d. (2003). Cuestiones de identidad cultural. Buenos Aires: Amorrortu.

Heidegger, M. (1990). Identidad y Diferencia. Barcelona: Anthropos.

Heidegger, M. (1999). Conceptos Fundamentales: Curso del semestre de verano. Frigburgo, 1941. Madrid: Alianza.

Heidegger, M. (2010). ¿Qué significa pensar? Madrid: Trotta.

Marx, K. (2015). El Capital: El Proceso de Producción del Capital. Tomo I. Vol. 1. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Marx, K. (2016). Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política (Grundrisse) 1857-1858 (Vol. I). México: Siglo Veintiuno Editores.

Nancy, J.-L. (2000). La Comunidad Inoperante. Santiago: Lom.