El proyecto de la izquierda nueva, lecciones para una elección

Por Cristopher Ferreira Escobar. Politólogo. Columna publicada en Le Monde Diplomatique

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Imposible no mirar hacia atrás, o por lo menos así debería ser, ya que en lo recién pasado —y no sólo referido a la primera vuelta—, hay algunas lecciones importantes a recordar como experiencias vitales para esta elección y para cualquier cosa que se quiera analizar.  La disposición del presente siempre se orquesta desde un punto anterior, muchas veces olvidado, ya sea porque no se construye sobre los triunfos o porque no se quiera servir de los errores.

En ese entonces, y bien alejado de nuestro presente, pero que, dicho sea de paso, es algo contingente, pujante y pertinente, Alejandro Guillier pasaba a segunda vuelta y el Frente Amplio (FA) comunicaba no apoyar al candidato acogido por el Partido Socialista (PS) entre otros, sumando posteriormente —y raya para la suma, o la gota que rebalsó el vaso, da igual— la decisión de dar libre albedrío a sus partidarios, cual gesto de Dios noble y bondadoso a su creación; sólo que éste puede confiar en el hombre, incluso si se equivocan, en virtud de que su existencia no se ve amenazada por estos. A rasgos generales, estos hechos fueron errores. Ambos unidos por una misma línea: no compartir las mismas lógicas históricas, añejas y recalcitrantes, las que muchos ciudadanos ya despreciaban, pues la concertación había validado el modelo neoliberal y eso era fatal. Entonces, para no contaminar el alma, manteniendo la pulcritud y el espíritu intacto, había que dejar en claro y de manera pública la vuelta de espalda. La prueba de la blancura era esta, no se podía ser mayoría sin una Izquierda unida. El elemento erróneo en estas decisiones fue no ordenar el cúmulo de subjetividades de la masa partidaria, ya sea depositando el capital político en una persona o proyecto. De todas formas, y propio a nuestra estructura partidaria, el centro es el punto gravitante donde toda posibilidad tiene comienzo, cuestión que hoy se puede ver en las propuestas de Boric y Kast para la segunda vuelta. Pero retomando esta fallida prueba de la blancura, a propósito de mantener una imagen no contaminada con la sucia política, hay un problema, los más idealista serán los más ideales para la desilusión, ellos son los candidatos perfectos, porque se cumple la profecía autocumplida de cualquier acción, esta se inscribe en un marco exterior, donde la acción depende de Otros, lo que signifique para ellos, lo que se comprenda por ellos, lo que se comparta por ellos, etc., siempre se está capturado por ese espacio donde se habita con los Otros. De esta manera, y cuando pasa lo que no tenía que pasar, el problema fue del compañero por no se tan consecuente, por no seguir al pie de la letra el quehacer, por no saber tanto, por no saber interpretar adecuadamente, por ser vendido; en otras palabras, hablamos de las almas bellas, las que se resisten a la contaminación. Aquí está Artes, Parisi, Marcel Claude y el FA de aquel entonces. Por eso es vital abandonar toda pretensión de mis intenciones, mis fantasías y mundo privado en el espacio de la praxis. El momento del acto, es el momento de lo descontrolado.

Hoy en día estos errores se ven claro como el agua, pues la pregunta obvia reside en el hecho truncado, es decir, en la imposibilidad de Guillier como presidente, y entonces, ¿qué hubiese sido del 18 O con sus consecuencias gravísimas ya conocidas si tuviéramos a él a cargo del ejecutivo?

Pero más allá de esos errores graves, hoy en día vemos algo distinto, se dejó en claro, y eso incluye al PS, que había que cuadrarse con Boric, orientando el universo militante y afectivo a una causa de proyecto, aunque también estratégica, y eso conlleva a una lección importante para una elección: gobernamos o nos gobiernan. Lo bueno es que el FA, aunque no sea el mismo de aquel entonces, haya enfrentado esta elección, creo, con esa lección pasada. ¡Ya era hora!